Imagina un jardín en las montañas de Chinácota, Norte de Santander, donde la neblina de la mañana se posa sobre cientos de orquídeas y anturios que esperan, pacientes, su momento para florecer. Ese jardín existió: era la Cabaña Silvia María que llevaba el nombre de nuestra abuela paterna, y allí crecimos de la mano de nuestros papás, Irma Stella Pérez Armesto y Guido Pérez Arévalo. Él cultivaba sus flores con la misma pasión con la que escribía; ella llenaba cada rincón de cuidado, amor y ternura.

Nuestro papá, abogado, escritor, poeta e historiador, dedicó su vida a rescatar del olvido la memoria de su tierra, La Playa de Belén, Norte de Santander. Entre libros, pájaros y flores nos enseñó que la belleza, como las orquídeas, no se apresura: se cuida en silencio, se espera con fe y, cuando por fin florece, se entrega con el corazón.

De esa enseñanza, que hoy es nuestra herencia más valiosa, nace Pérez & Pérez, el sueño de sus dos hijas de no dejar que su jardín se apagara. Cuando él partió, entendimos que el amor no se va: solo busca nuevas formas de quedarse. Por eso elegimos la orquídea como nuestro emblema, en honor a su pasión por la naturaleza y a aquel jardín que cultivó con tanto amor. Su legado vive hoy en cada una de nuestras creaciones. Cada vela la moldean nuestras manos, pero la inspira el alma de nuestra familia, cada detalle evoca la belleza, la delicadeza y la esencia de aquel jardín. Cada aroma guarda un recuerdo de su historia, la paciencia con la que esperaba cada flor y la ternura con la que nos enseño a florecer.

Gracias por recibir nuestra historia en tu hogar. Cuando enciendas una de nuestras velas, cierra los ojos un instante y deja que te lleve a ese rincón donde el tiempo se detiene. Que su llama te acompañe en los momentos de calma, en las celebraciones y en esos días en que también extrañas a alguien, porque lo que se cultiva con amor nunca deja de dar luz.

Esa es la esencia de Pérez & Pérez.

Dos almas se encienden.

 

 

 

 

 

Orquídeas de la Cabaña Silvia María

Fotografías de Guido Pérez Arévalo, 2003